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13 de junio de 2011


 La vida es como un cigarro, puedes dejar que se consuma lentamente dejando que el paso del tiempo sea lo único que la afecte, o puedes tomarla por bocanadas y consumiera rápidamente. No vale la pena dejar que se consuma por si sola, debe vivirse a pleno sin dejar que las oportunidades que se presentan se vayan, aunque sean en su mayoría dolorosas, aunque en su mayoría solo traigan lágrimas que retrasan su consumo, o lágrimas de alegría que avivan el fuego.
Por alguna razón estoy tomando esas oportunidades, nadie me detiene al hacerlo y me siento mas vivo que nunca. Todas las aventuras que he vivido, malas y buenas pero por sobre todo las malas me han enseñado algo y me he superado gracias a estas, porque habría de negarme a la aventura que significaría el consumo absoluto. Porque habría de negarme al instinto de vivir, este vivir que te hace tener el valor para enfrentarte a lo que sea, con esa llama que lo enciende todo he ilumina nuestro interior guiándonos en esta ruta que escogimos. Esa llama no extingue nuestro inicial miedo, pero nos mantiene tibios, nos mantiene vivos, esa llama esta pronta a cegar al mundo entero y a consumir el resto de nuestras vidas.
¿Quién quiere un cigarro?

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